miércoles, 17 de abril de 2013
Denuncian que Bruera utiliza barrabravas para evitar que se investigue la tragedia de La Plata
Por Jorge Joury
El intendente de La Plata, Pablo Bruera sabe que el reloj de arena empezó a funcionar y que ahora las aguas bajan turbias para su gestión. Teme que la opinión pública termine tapándolo con diarios. Es que en su propia ciudad en todos los rincones lo consideran "un cadáver político", después de la inacción y la impotencia manifiesta frente a la catastrófica inundación que cobró medio centenar de vidas y su ausente sin aviso, mientra veraneaba en un coqueto club de playa brasileño.
Bruera tiene sobre su escritorio un voluminoso informe con los números fríos de las estadísticas: 135.037 personas afectadas y reconocidas por su municipio. El costo máximo que se calcula podría pedir cada uno de los 55.716 hogares dañados, es de 124 mil pesos. Pero la historia sigue con casi 50 mil autos dañados, con un perjuicio económico que supera los 400 millones de pesos. Y encima, en el comercio, hay 2.846 negocios afectados, muchos de ellos aún hoy paralizados con un lucro cesante por lo que han dejado de vender, incalculable y demoledor.
En medio de este panorama de perjuicios implacables, Bruera sabe que además tiene encima la lupa de la justicia. Hay un abogado, Martín Berasategui, que representa por ahora a poco más de dos decenas de vecinos que ha presentado una denuncia penal contra el intendente por incumplimiento de los deberes de funcionario público y homicidio doloso, que prevé una pena de tres años de prisión, pero que desde su punto de vista, como evolucionan las irregularidades que van apareciendo, podría encuadrarse tarde o temprano, en la figura del "estrago doloso".
A Martín Berasategui, a quien entrevisté en la radio en las últimas horas (escuchar el audio al pie de la nota) y por lo que pude percibir ya le cuenta las costillas a Bruera, lo que le llama la atención es que ningún fiscal "se haya puesto al hombro la denuncia", más aún habiendo pasado 15 días de radicada, por lo que sospecha que Bruera cuenta con "algún paraguas de protección y una guardia de choque perfectamente armada para disuadir y meter miedo".
Lo grave para Berasategui, es que según le informaron desde sectores confiables, parecería que "Bruera habría mandado a barrabravas todo terreno a apretar algunos fiscales para que no se hagan eco de las denuncias". Los matones a que se alude, serían conocidos personajes pertenecientes a las hinchadas de Estudiantes y de Gimnasia y Esgrima de La Plata, con frondosos prontuarios y algunos de ellos "ñoquis" en dependencias municipales. Es más hasta se sostiene que en el momento del reparto de la ayuda a la población, estos mismos sujetos disputaron el territorio con los jóvenes de La Cámpora, a trompadas y hasta con armas en mano.
De todas maneras, aunque el camino es difícil y sinuoso, porque también el jefe comunal cuenta con mayoría en el CD, en las últimas horas cerca de 300 vecinos indignados penetraron en la sesión que comandaba el presidente del cuerpo Javier Pachiarotti y exigieron a viva voz la presencia de Bruera, vía megáfono, para que viniera a dar explicaciones.
Comentan en los pasillos del Deliberante, que Pachiarotti, primer espada y posible sucesor del Lord Mayor de La Plata, el mismo que llenó la ciudad de grafitis que dicen "Hay equipo Pacha", pidió unos minutos a los presentes y llamó a Bruera para requerir instrucciones. Algunos dicen que el celular de Bruera estaba apagado y otros aluden a que le habría respondido : "Dibujá lo que puedas".
Lo que no puede dibujar Pachiarotti, son las explicaciones que algunos piden en referencia a los viajes de Bruera. El pasado fin de semana una denuncia del diario Perfil indicó que en tres meses el intendente de La Plata dio dos veces la vuelta al mundo en aviones, visitando lugares paradisiacos, entre ellos París y Turquía, sin mencionar su último destino que fue donde lo sorprendió la catástrofe, cuando se encontraba alojado en el exclusivo club brasileño Rúa Das Pedras, donde la semana cuesta unos 4.800 dolares, con todo incluido. Allí fue fotografiado luciendo bermudas muy largas en medio de las arenas blancas.Y encima, en la mayoría de los casos se alude a que el intendente no pidió permiso al CD para ausentarse de la ciudad, por eso se hizo figurar en el twiter que estaba repartiendo agua mineral por los barrios. Además, hizo figurar sus incursiones internacionales como en "misión oficial". Hoy los vecinos se preguntan si el intendente que estaba tan "agobiado y exhausto" por el trabajo, en apenas 90 días que van del 2013, metió mano en dineros públicos para coronar su raíd turístico.
Para el abogado Martín Berasategui,"la responsabilidad por la falta de un plan de contigencia frente a la emergencia, el no haberse hecho eco de las advertencias de los informes de los especialistas y técnicos de la Universidad Nacional de La Plata, el haber ocultado una máquina Caterpillar en un predio abandonado de Villa Elisa, que estaba destinada a dragar el arroyo del Gato y el desmesurado crecimiento edilicio por el Código de Planificación Urbana que provocó el colapso de los sistemas de desagües de la ciudad, son algunos de los factores de los que Bruera tendrá que responder y hacerse cargo".
El abogado exime de responsabilidades al gobierno central, es más, agrega que según sus fuentes calificadas "en las últimas horas el ministro de Planificación de la Nación, el ingeniero Julio De Vido le ha cursado a Bruera un pedido de informes para que de cuenta de qué manera y qué obras materializó con los fondos que le remitió la Nación". Contrariamente a lo que señalan algunos medios locales, que atribuyeron la presencia de vecinos en el CD a "una acción desplegada por activistas de sectores políticos, que hasta rompieron el portón del edificio y se desplazaron a las trompadas", el abogado Martín Berasategui cuenta una historia distinta.
"Yo estaba presente y fue una marcha pacífica con vecinos portando velas, honrando a sus muertos. Había hasta una mujer que había perdido a dos familiares y pese a su dolor, se comportó con absoluto respeto. No había una sola bandera de una agrupación política, ni cánticos, excepto el "que se vayan todos", que fue coreado al unísono y que hoy es una expresión de deseo de todos los ciudadanos platenses, por la ineptitud que mostraron los funcionarios municipales", agregó el doctor Berasategui, quien prometió continuar la acción legal "hasta las últimas consecuencias y si es posible iré a buscar a algún fiscal abajo de la cama".
En agua se fue de La Plata. Se escurrió, pero quedó el fango. Habrá que ver hasta donde, Bruera y equipo, si es que lo hay, logran emerger del hedor que hoy brota de semejante cloaca.
lunes, 15 de abril de 2013
La catástrofe en La Plata puso en guardia a los intendentes bonaerenses
Por Jorge Joury
Los efectos catastróficos que causó la inundación en La Plata, activaron los censores de todas las alarmas en las intendencias del Gran Buenos Aires. Es que el mal clima está para todos y los barones del conurbano ahora son más conscientes que nunca, que tienen que abrir los paraguas. Todos ellos gobiernan distritos de alta densidad poblacional, que si bien han crecido vertiginosamente en los últimos 11 años, el desarrollo de la infraestructura básica no corrió por el mismo camino.
Los intendentes saben que aunque el cambio climático y su tropicalización corresponden a un fenómeno global, ha llegado el momento de enfrentarlo con medidas locales que requieren de la asistencia de la Nación, hoy la única caja solvente. Por estas horas las interconsultas se han sucedido entre los principales referentes y muchas de ellas han confluido en la Federación Argentina de Municipios, la FAM que timonea Julio Pereyra. El estado de paranoia tiene que ver con el desbalance hídrico, que obligó a los jefes comunales a repasar los planes de contingencia para enfrentar posibles situaciones de catástrofe.
En el caso de Florencio Varela, tanto el meteoro de 4 de abril del año pasado, cuando el tornado hizo estragos en el distrito, como después la inundación de diciembre, sirvieron de catalizador para probar los rápidos reflejos de los sistemas de auxilio, llámese Defensa Civil, Bomberos, Gendarmería, Policía, Patrulla Municipal y todo el sistema de Salud, tanto en el hospital Mi Pueblo, como en El Cruce y si hiciera falta contar con la Universidad Arturo Jauretche como centro de distribución de ayuda.
El secretario de Ambiente de la comuna, el doctor Mario Kanashiro, ante una consulta puntual que le formulé en la radio (escuchar el audio de la entrevista en la FM 97.7 al pie) ratificó que ya desde el año pasado y a pedido de Julio Pereyra, funciona de manera permanente un Gabinete de Crisis, integrado por todos los miembros del Ejecutivo municipal. Todos los funcionarios tienen orden de reportar inmediatamente en caso de un alerta y ponerse al servicio de la comunidad, de manera articulada. Es más, están previsto en las próximas semanas simulacros ante la eventualidad de una catástrofe, para probar la efectividad de los grupos de salvamento. También decía Kanashiro que es permanente el dragado de los arroyos, a través de la Dirección de Hidráulica de la Provincia, en una acción conjunta con el vecino distrito de Berazategui, del cual Varela es socio por razones geográficas, ante un posible desastre. Hay que recordar que en la inundación de diciembre se encontraron en los lechos de esos surcos de agua, hasta automóviles, heladeras y cocinas, que son arrojadas de manera irresponsable, sin tomar conciencia que se convierten en verdaderos tapones que despiertan la furia de las aguas con secuelas trágicas.
Sin embargo Kanashiro alertó a las familias que se establecen a las márgenes de los arroyos a buscar otros sitios, ya que esto representa un factor de riesgo altísimo para la perdida de vidas humanas, en caso de que haya desbordes y correntadas. También el funcionario alertó sobre la situación en el barrio Caacupé, que virtualmente se erigió sobre una de las zonas más bajas de Varela, uno de los lugares de más alto riesgo.
Más allá de estas consideraciones, en materia de prevención, hoy Varela pareciera estar un escalón más arriba que muchos distritos del conurbano. Conozco mucho esa geografía porque a través de los años he recorrido cada uno de esos rincones, viendo de cerca tanto la pobreza, como la opulencia. Pero puedo asegurar que el gran problema es que la urbanización en las últimas décadas se llevó adelante en la mayoría de los casos, sin una planificación. Y aquí hay que decir que barrios enteros fueron construidos donde habían bañados o lagunas, como puede apreciarse a la vera de la autopista Buenos Aires-La Plata, llámese Quilmes, Avellaneda o Berazategui.
Hay intendentes que quieren hoy poner el problema en el centro de la escena, ya que son conscientes que las campanas de alerta han sonado de manera inusitada y se juegan su historia política, la que puede hundirse en horas, como le pasó a Pablo Bruera en La Plata, donde la propia presidente de la Nación pidió su cabeza. En los pasillos de la Gobernación todavía comentan la reunión que tuvo Cristina con Daniel Scioli y Bruera, el primer día que visitó la zona del desastre, más precisamente el barrio donde nació -Tolosa- a la sazón uno de los más castigados.
¡Y ahora también me tengo que hacer cargo de esto!, dicen que vociferó la jefa de Estado y que los gritos se escucharon hasta en la cocina de la residencia del gobernador. Sostienen que Cristina les recriminó además porque no habían solicitado la ayuda para las obras hidráulicas que se necesitaban y además marcó la lentitud con que se puso en marcha el operativo de asistencia, que de no haber sido por los rápidos reflejos a nivel nacional, como por la solidaridad de la gente, los funcionarios locales se comportaron como boxeadores noqueados por la contingencia.
Uno de los secretarios que escuchó puerta por medio el tenor del reto presidencial, reveló que Scioli tuvo que disfrazarse de monje franciscano para persuadir a la presidenta de que no era momento para pedir la renuncia de Bruera, a quien Cristina tiene entre ceja y ceja, porque políticamente ha jugado con algunos de sus adversarios y ha demostrado no ser fiel a su ejército. Las espadas más filosas del gobernador, creen que "Bruera ya es un muerto político".A tal punto que una vecina tuiteó por las redes sociales que "el intendente ya no puede siquiera tomar un taxi, ya que en las últimas horas pidió uno y no fue nadie a recogerlo, por temor a que la gente lo vea y reaccione de la peor manera".
En este escenario, el tardío despertar del gobierno bonaerense de revisar los códigos urbanos de los municipios, tras la tragedia en La Plata, fue recibido con mucha cautela por los intendentes, muchos de los cuales ya modificaron esa legislación con la venia de la propia administración sciolista. Algunos especialistas sostienen que en todo caso habría que coordinar los códigos con los planes hidráulicos y de infraestructura, sobre todo en dos de los distritos más inundables, como lo son San Martín y Las Matanza, teniendo en cuenta que ambos cuentan con una problemática parecida: el asentamiento de villas sobre terrenos inundables al costado de cursos de agua que suelen desbordar.
Una situación similar se puede observar en Lomas de Zamora y Lanús, que comparten con La Matanza, la cuenca del Riachuelo.Y aquí hay que subrayar que estos territorios de la zona Sur, se frenaron las obras hidráulicas el año pasado, especialmente las dedicadas a la infraestructura básica. Aquí hay que acentuar que mucho tiene que ver los problemas financieros que afronta el gobierno bonaerense.
Volviendo a la charla que mantuve con el doctor Mario Kanashiro, secretario de Ambiente de la comuna de Varela, me hizo hincapié en la importancia en poner en marcha un plan de concientización ciudadana, "ya que por culpa de muchas generaciones, la gente no hace nada para proteger el medio ambiente".
Además, otro intendente comentó por lo bajo que "las obras hidráulicas no son valoradas debidamente por los vecinos", por lo que se torna cada vez más evidente la necesidad de avanzar en el diseño de sistemas de alerta temprana."El concepto de la emergencia debe incorporarse a las previsiones del Estado", es lo que sostiene Darío Giustozzi, desde Almirante Brown.
Los denominados barones del conurbano, sobre todo los que han logrado perpetuarse durante décadas. son de buen olfato y no están dispuestos a rifar su prestigio, más aún en un año donde el gobierno deberá revalidar títulos en las legislativas y las inundaciones o los desastres meteorológicos, pueden convertirse en una suerte de talón de Aquiles. Tienen en claro que en cualquier momento el cambio climático les puede jugar una mala pasada en sus propios territorios y la primer ventanilla en la que irán a reclamar los vecinos, más allá de la Nación y la Provincia, será en sus propias sedes comunales.
jueves, 11 de abril de 2013
Más allá del diluvio, solo un milagro impidió que La Plata tuviera que llorar a otros 300 mil muertos
Por Jorge Joury
Las horas más dramáticas han pasado. La Plata ahora está en plena reconstrucción. Levantándose lentamente de sus ruinas, aunque en medio del dolor de lo que significa para las más de 80 mil familias afectadas, el haberlo perdido todo. Pero aunque el intendente Pablo Bruera haya pedido perdón ante la opinión pública por la mentira de su twiter de "abnegación" hacia las víctimas, cuando en realidad descansaba en Brasil, los pases de factura inexorablemente vendrán cuando tengan que hablar las urnas en octubre y la gente descargue sus broncas por la falta de prevención y previsión de algo que tenía un final anunciado, por la ausencia de obras hidráulicas por un lado y el desmesurado crecimiento de la construcción de edificios, por el otro.
Pero más allá de que ahora tanto el gobernador Daniel Scioli, como Bruera, se rasguen las vestiduras y se hayan convencido que hay que hacer las obras que sean necesarias para evitar otra catástrofe, el temporal encendió otra luz de alerta y que hasta el momento, nadie midió en su real dimensión.
Es que más allá del saldo aterrador de muerte del 2 de abril, cuando el cielo vació toda su furia sobre La Plata, pocos hablan hoy de que la mayor amenaza estuvo en otro lado, en el incendio que el fenómeno meteorológico provocó en la destilería de YPF, que pudo haber borrado del mapa, no solo a gran parte de la ciudad de las diagonales, sino también a las de Berisso y Ensenada. Y lo que hiela la sangre, es que aquí tampoco había un plan de contingencia.
En un informe de las organizaciones ambientalistas Ala Plástica y Greenpeace, en base a un relevamiento realizado en el polo petroquímico, tras el siniestro, se pueden leer en la letra fina las causas que provocaron el incendio en el horno de Coke A y lo cerca que estuvo este de desatar una serie de explosiones en cadena que pudieron haber tenido un impacto catastrófico en toda la región, provocando la muerte de unas 300 mil personas, es decir más de media ciudad.
Recuerdo que esa madrugada en medio de la pertinaz lluvia regresaba a La Plata por la autopista y pude observar como una enorme nube de humo negro, se abalanzaba lentamente sobre la ciudad, mientras las auto bombas de los cuarteles de bomberos vecinos, como de Varela, Quilmes, Berazategui, Avellaneda y Hurlingham, por citar algunas, llegan como apoyo, porque era evidente que el débil operativo de defensa civil local, también se mostraba impotente para hacer frente a la emergencia.
Tal es el efecto contaminante que desparramó esa nube, que muchos jardines de La Plata aparecieron cubiertos por el residuo negro y aceitoso. Más aún, este detalle era también perceptible sobre la superficie de agua de las piletas de natación, cubiertas por un manto negro.
¿Qué fue lo que pasó?. Es que la cantidad de agua caída hizo rebalsar los piletones de 80 mil metros cúbicos, con una mezcla de agua e hidrocarburos, que al ingresar al horno de Coke A y a la unidad de destilación Topping C, produjo dos explosiones y un incendio que puso en riesgo a gran parte de La Plata, Berisso y Ensenada. De lo que daos cuenta, es lo que dice el informe de los ambientalistas y esto no es antojadizo, ya que el lugar donde se produjeron las explosiones, está ubicado a poco más de 200 metros de las esferas de gas hidrógeno de Petroken, principal productor de propileno de la Argentina y muy cerca de otras instalaciones y concentradores de elementos altamente inflamables.
Esto lo advertí en uno de mis primeros artículos y es tan grave, que si el fuego hubiera llegado a Petroken -según el informe- hoy estaríamos lamentando no menos de 300 mil muertos. Lo señale literalmente en mi primer análisis de la catástrofe: las explosiones hubieran hecho desaparecer linealmente gran parte de La Plata, Berisso y Ensenada. Y el que ahora corrobora este dato no es ni más ni menos, que Alejandro Meitin, presidente de la Asociación Ala Plástica.
La preocupación es tan grande, que Meitin ante esta perspectiva apocalíptica reflexiona que "no puede ser que la única respuesta de YPF sea que en dos meses van a volver a producir el nivel de antes. La empresa tiene que explicarnos que es lo que va a hacer para que esto no vuelva a ocurrir", sostiene con indignación el ambientalista.
Lo más alarmante que marca el informe de Greenpeace y Ala Plástica y que por lo menos debería haber ocupado la tapa de los diarios locales, que apenas lo destacaron, tal vez porque YPF es uno de sus principales anunciantes, señala que los piletones de hidrocarburos que rebalsaron provocando el incendio, estaban diseñados para contener una lluvia de hasta 130 milímetros.Y si el lector observa que cayeron cerca de 400, no es difícil suponer que por milagro no fue un desastre. Y sin embargo, ni siquiera hubo un alerta, ni un plan de evacuación de los barrios aledaños, para evitar una tragedia mayor.
Como lo vieron los vecinos de la zona denominada El Dique, también presencié esa madrugada la película de terror. Se trataba de una lluvia de hollín de coque que emergía del incendio. Esto obligó a cientos de familias a autoevacuarse porque el Polo Petroquímico temblaba y daba la impresión de que en cualquier momento iba a volar. Y esa gente tuvo que salir corriendo en medio de la lluvia y abandonar sus casas, porque temía lo peor.Fue algo parecido a la denominada Revolución Libertadora de 1955 cuando la Marina quería derrocar a Perón y amenazó con volar la planta de YPF. Eese día, a modo de advertencia, los aviones descargaron algunas bombas sobre la zona del bosque de La Plata. Yo era pequeño y vivía a una 20 cuadras de ese escenario. Todavía tengo grabada en la memoria la fotografía de los hongos de fuego trepando hacia el cielo, en el atardecer de uno de los días más espantosos de mi vida.
Hoy me pregunto con dolor e impotencia, cuánto tiempo ha pasado ¿no? El suficiente para que a alguien se le hubiera ocurrido preservar y dotar de las medidas de seguridad necesarias a ese territorio inflamable.La Plata tiene en su periferia, un mar de hidrocarburos, pero a la buena de Dios.
En La Plata sobrevuelan fantasmas de muertos, mientras el gobierno municipal está bajo sospecha
Por Jorge Joury
La verdadera cifra de muertos por el catastrófico temporal en la ciudad de La Plata, por el momento es un misterio impenetrable. Scioli insiste en que son 51 y que hay otros 37 fallecidos, pero no por la inundación. El gobernador explicó en las últimas horas que se trata de personas que estaban internadas en los hospitales, antes del diluvio.Pero la polémica sigue abierta en lo más alto del poder, porque el secretario de Seguridad de la Nación, Sergio Berni indicó que la lista no está cerrada, con lo cual es fácil inferir que puede haber mayores sorpresas. Y uno que se pregunta ¿a quien se le ocurriría esconder muertos? Sería una verdadera locura.
Pero el juez en lo Contencioso Administrativo número uno de La Plata, el doctor Luis Arias insiste en que la policía maneja una lista de más de 20 desaparecidos, que a él se la han entregado personalmente. Y en los barrios más marginales, donde hay muchos extranjeros e indocumentados, hablan de entre 15 y 20 muertos por sector. Juran y perjuran, haber visto cuerpos de niños y ancianos flotando en las aguas y otros atrapados en los alambrados.
¿Quién miente y quien dice la verdad? Lo cierto es que algo extraño flota en el ambiente y tiene que ver con la sospecha, de que se trata de esconder la verdad debajo de la alfombra. Y esto no hace otra cosa que favorecer en el imaginario popular, el caldo de cultivo que da pie a las historias más descabelladas.
En las últimas horas un guarda vidas contó por una emisora local, una historia escalofriante. Relató que tuvo que salir en bote de su casa con su hijo, en la zona próxima al distribuidor de acceso a la ciudad, cuando La Plata ya estaba en manos de un verdadero pandemonium y la correntada devastaba todo a su paso. Allí dijo ver por lo menos los cuerpos de tres niños arrastrados por la corriente. Más patético es el testimonio de un vecino de Los Hornos, una de las zonas más afectadas, que aseguró que en un túnel que cruza por debajo de la cárcel de mujeres, habían encontrado siete cadáveres atascados.
Las historias tienen todos los matices, pero las que vienen de los sectores más creíbles, alientan un marco de sospecha muy fundamentado.
En las últimas horas entrevisté por la radio a la médica psiquiatra, Gabriela Vagliecca, presidenta de la sede del Fobia Club de La Plata, quien por estas horas integra un grupo de contención para asistir a los más shokeados por el desastre, lo que se llama las víctimas del día después, las del estrés postraumático.
La profesional me contó que los grupos especializados que trabajan en la zona del Arroyo El Gato, en la zona de Ringuelet, han visto las casas arrasadas de los pobladores que vivían a la vera de esa cloaca a cielo abierto, en un estado de pobreza límite. Por este lugar escurren la mayoría de las aguas de la ciudad. Por ello la doctora Vagliecca, con sentido común se preguntaba, cómo de este sector no hay listas de fallecidos, cuando muchos habitantes dicen haber visto cuerpos de niños arrastrados por las aguas furiosas. Las mismas dudas se trasladan a las zonas de Los Hornos, Villa Elvira, San Carlos y Altos de San Lorenzo, también zonas pobres donde habitan muchas familias de inmigrantes.
Hay quienes sostienen que se blanquearon las víctimas de las zonas de Tolosa y del Centro, "porque son las más difíciles de ocultar". Todo esto genera un tremendo dolor en la población, difícil de explicar.Es que las palabras tristeza a indignación, parecen menores, para graficar semejante golpe al corazón.
La doctor Vagliecca decía que la gente ha perdido su identidad, fotos, documentos, la música que los acompañó durante toda la vida, las filmaciones de los momentos más emotivos, la historia propiamente dicha. Por eso, hoy la desesperación y la angustia de perderlo todo, desborda a los damnificados y se han puesto en marcha los operativos de contención psicológica. Es difícil suponer cuanto necesitarán las personas para reponerse. Algunas meses, otras un año o tres las más dañadas, pero para la doctora Vagliecca el temor más grande es el de quienes tomen por el camino de la desesperanza y terminen en el suicidio o las adicciones, "que es la forma más rápida de escapar de la realidad".
La profesional dejó en claro que por los efectos de este fenómeno meteorológico, quedó al desnudo la impotencia de las autoridades para actuar, ya que se vio a todas luces que no existía un plan de contingencia y se tardó mucho en las tareas de auxilio, lo suficiente para que se perdieran muchas vidas humanas. La Plata carecía de un buen sistema de Defensa Civil, más aún teniendo una destilería como la de YPF a solo 12 kilómetros del casco urbano, que de generarse un incendio volaría en pedazos la ciudad entera. Y encima las inundaciones registradas desde el 2002 a la fecha, como escribí en un artículo anterior, estaban anunciando que lo peor estaba por venir. Pero el intendente Bruera prefirió ir adelante con la construcción indiscriminada de edificios, lo que no hizo otra cosa que hacer colapsar cada vez más los servicios de desagües.A tal punto que el agua salía hasta por los inodoros y levantó veredas enteras, como una verdadera explosión que buscaba escapar de su propia asfixia.
El despropósito de las autoridades es tan grande, que la máquina Caterpillar que había adquirido Bruera para dragar el arroyo El Gato, fue encontrada en las últimas horas abandonada y tapada por el pasto, en el ex predio de la fábrica de heladeras OFA, en la zona de Villa Elisa. Hacía años que alguien la dejó allí, porque para Bruera la prioridad era embellecer plazas y pintar los cordones de las veredas, porque eso se ve más rápido y da rédito para ganar elecciones.En las últimas horas el abogado Martín Berasategui presentó una denuncia penal contra el jefe comunal, "por la posible comisión de los delitos de homicidio culposo e incumplimiento de deberes de funcionario público".
La denuncia fue presentada ante el fiscal Juan Condomí Alcorta y el juez de Garantías Guillermo Atencio. Hablé con el doctor Berasategui por la radio y me señaló que él estaba convencido, pese a la inusual caída de lluvia record, que el saldo trágico pudo al menos verse atenuado. Es más, agregó que " el intendente debe velar por la seguridad, salubridad y la vida de los vecinos y que para ello lo eligieron en las urnas". También el abogado pide que se investigue la lentitud con la cual fueron socorridas las personas, ante semejante desastre, lo cual desnudó que no siquiera existía un plan de contingencia. Para el letrado "surge claro que han existido omisiones y son claras las transgresiones en torno a la construcción indiscriminada de edificios que alteraron el habitat y evitaron el normal escurrimiento de las aguas.Pero esto lo tendrá que investigar el Concejo Deliberante. Nosotros vamos por el lado de la responsabilidad penal, en representación de los vecinos".
Además hay que señalar la bronca compartida que existe en La Plata por el tuit donde Bruera dijo estar asistiendo a los necesitados, cuando se encontraba veraneando en Brasil y llegó a media mañana del día después de la catástrofe.Veremos en el marco de este escenario tétrico y plagado de dedos acusadores, quien paga los platos rotos y si hay justicia para los responsables.
Mientras tanto, recién ahora Scioli le ha pedido a los intendentes que tengan prudencia con el Código de Planificación Urbana y las normas que aprueban para la construcción de edificios. ¿Un poco tarde no? La catástrofe le cuesta al herario público poco más de 2.600 millones de pesos. ¿No hubiera sido más fácil haber empleado esa cifra, en hacer las obras que se necesitaban y evitar la perdida de vidas y sueños? Seguramente hoy no tendríamos que estar llorando a nuestros muertos. Algunos funcionarios, deberán entender de aquí en más, que las obras más importantes para resguardar a la comunidad de los fenómenos meteorológicos, son las que no se ven. Es hora de hacerlas y aunque no dejen rédito a corto plazo porque tardan años, son por el bien de todos. Será una forma para que la historia no los juzgue. No será el caso del intendente Pablo Bruera, a quien ya la opinión pública le ha colgado el cartel de "muerto político".
Pero el juez en lo Contencioso Administrativo número uno de La Plata, el doctor Luis Arias insiste en que la policía maneja una lista de más de 20 desaparecidos, que a él se la han entregado personalmente. Y en los barrios más marginales, donde hay muchos extranjeros e indocumentados, hablan de entre 15 y 20 muertos por sector. Juran y perjuran, haber visto cuerpos de niños y ancianos flotando en las aguas y otros atrapados en los alambrados.
¿Quién miente y quien dice la verdad? Lo cierto es que algo extraño flota en el ambiente y tiene que ver con la sospecha, de que se trata de esconder la verdad debajo de la alfombra. Y esto no hace otra cosa que favorecer en el imaginario popular, el caldo de cultivo que da pie a las historias más descabelladas.
En las últimas horas un guarda vidas contó por una emisora local, una historia escalofriante. Relató que tuvo que salir en bote de su casa con su hijo, en la zona próxima al distribuidor de acceso a la ciudad, cuando La Plata ya estaba en manos de un verdadero pandemonium y la correntada devastaba todo a su paso. Allí dijo ver por lo menos los cuerpos de tres niños arrastrados por la corriente. Más patético es el testimonio de un vecino de Los Hornos, una de las zonas más afectadas, que aseguró que en un túnel que cruza por debajo de la cárcel de mujeres, habían encontrado siete cadáveres atascados.
Las historias tienen todos los matices, pero las que vienen de los sectores más creíbles, alientan un marco de sospecha muy fundamentado.
En las últimas horas entrevisté por la radio a la médica psiquiatra, Gabriela Vagliecca, presidenta de la sede del Fobia Club de La Plata, quien por estas horas integra un grupo de contención para asistir a los más shokeados por el desastre, lo que se llama las víctimas del día después, las del estrés postraumático.
La profesional me contó que los grupos especializados que trabajan en la zona del Arroyo El Gato, en la zona de Ringuelet, han visto las casas arrasadas de los pobladores que vivían a la vera de esa cloaca a cielo abierto, en un estado de pobreza límite. Por este lugar escurren la mayoría de las aguas de la ciudad. Por ello la doctora Vagliecca, con sentido común se preguntaba, cómo de este sector no hay listas de fallecidos, cuando muchos habitantes dicen haber visto cuerpos de niños arrastrados por las aguas furiosas. Las mismas dudas se trasladan a las zonas de Los Hornos, Villa Elvira, San Carlos y Altos de San Lorenzo, también zonas pobres donde habitan muchas familias de inmigrantes.
Hay quienes sostienen que se blanquearon las víctimas de las zonas de Tolosa y del Centro, "porque son las más difíciles de ocultar". Todo esto genera un tremendo dolor en la población, difícil de explicar.Es que las palabras tristeza a indignación, parecen menores, para graficar semejante golpe al corazón.
La doctor Vagliecca decía que la gente ha perdido su identidad, fotos, documentos, la música que los acompañó durante toda la vida, las filmaciones de los momentos más emotivos, la historia propiamente dicha. Por eso, hoy la desesperación y la angustia de perderlo todo, desborda a los damnificados y se han puesto en marcha los operativos de contención psicológica. Es difícil suponer cuanto necesitarán las personas para reponerse. Algunas meses, otras un año o tres las más dañadas, pero para la doctora Vagliecca el temor más grande es el de quienes tomen por el camino de la desesperanza y terminen en el suicidio o las adicciones, "que es la forma más rápida de escapar de la realidad".
La profesional dejó en claro que por los efectos de este fenómeno meteorológico, quedó al desnudo la impotencia de las autoridades para actuar, ya que se vio a todas luces que no existía un plan de contingencia y se tardó mucho en las tareas de auxilio, lo suficiente para que se perdieran muchas vidas humanas. La Plata carecía de un buen sistema de Defensa Civil, más aún teniendo una destilería como la de YPF a solo 12 kilómetros del casco urbano, que de generarse un incendio volaría en pedazos la ciudad entera. Y encima las inundaciones registradas desde el 2002 a la fecha, como escribí en un artículo anterior, estaban anunciando que lo peor estaba por venir. Pero el intendente Bruera prefirió ir adelante con la construcción indiscriminada de edificios, lo que no hizo otra cosa que hacer colapsar cada vez más los servicios de desagües.A tal punto que el agua salía hasta por los inodoros y levantó veredas enteras, como una verdadera explosión que buscaba escapar de su propia asfixia.
El despropósito de las autoridades es tan grande, que la máquina Caterpillar que había adquirido Bruera para dragar el arroyo El Gato, fue encontrada en las últimas horas abandonada y tapada por el pasto, en el ex predio de la fábrica de heladeras OFA, en la zona de Villa Elisa. Hacía años que alguien la dejó allí, porque para Bruera la prioridad era embellecer plazas y pintar los cordones de las veredas, porque eso se ve más rápido y da rédito para ganar elecciones.En las últimas horas el abogado Martín Berasategui presentó una denuncia penal contra el jefe comunal, "por la posible comisión de los delitos de homicidio culposo e incumplimiento de deberes de funcionario público".
La denuncia fue presentada ante el fiscal Juan Condomí Alcorta y el juez de Garantías Guillermo Atencio. Hablé con el doctor Berasategui por la radio y me señaló que él estaba convencido, pese a la inusual caída de lluvia record, que el saldo trágico pudo al menos verse atenuado. Es más, agregó que " el intendente debe velar por la seguridad, salubridad y la vida de los vecinos y que para ello lo eligieron en las urnas". También el abogado pide que se investigue la lentitud con la cual fueron socorridas las personas, ante semejante desastre, lo cual desnudó que no siquiera existía un plan de contingencia. Para el letrado "surge claro que han existido omisiones y son claras las transgresiones en torno a la construcción indiscriminada de edificios que alteraron el habitat y evitaron el normal escurrimiento de las aguas.Pero esto lo tendrá que investigar el Concejo Deliberante. Nosotros vamos por el lado de la responsabilidad penal, en representación de los vecinos".
Además hay que señalar la bronca compartida que existe en La Plata por el tuit donde Bruera dijo estar asistiendo a los necesitados, cuando se encontraba veraneando en Brasil y llegó a media mañana del día después de la catástrofe.Veremos en el marco de este escenario tétrico y plagado de dedos acusadores, quien paga los platos rotos y si hay justicia para los responsables.
Mientras tanto, recién ahora Scioli le ha pedido a los intendentes que tengan prudencia con el Código de Planificación Urbana y las normas que aprueban para la construcción de edificios. ¿Un poco tarde no? La catástrofe le cuesta al herario público poco más de 2.600 millones de pesos. ¿No hubiera sido más fácil haber empleado esa cifra, en hacer las obras que se necesitaban y evitar la perdida de vidas y sueños? Seguramente hoy no tendríamos que estar llorando a nuestros muertos. Algunos funcionarios, deberán entender de aquí en más, que las obras más importantes para resguardar a la comunidad de los fenómenos meteorológicos, son las que no se ven. Es hora de hacerlas y aunque no dejen rédito a corto plazo porque tardan años, son por el bien de todos. Será una forma para que la historia no los juzgue. No será el caso del intendente Pablo Bruera, a quien ya la opinión pública le ha colgado el cartel de "muerto político".
sábado, 6 de abril de 2013
El agua se escurrió en La Plata, pero quedó como residuo, la peor cara de la desidia y la impotencia
Por Jorge Joury
A casi cinco días de la catástrofe, La Plata mantiene aún la fisonomía de una ciudad abandonada. Si uno la cruza de punta a punta, como lo hice en las últimas horas, hay cientos de miles de montículos de basura en las calles, de por lo menos de entre 50 y 100 kilos cada uno. Quiere decir que si vuelve a llover en las próximas horas, la gente deberá persignarse pidiendo a Dios que no se reedite la tragedia que llegó del cielo con toda su furia. Si se pudiera con un gigantesco termómetro tomar la temperatura de un pueblo, seguramente estallaría de bronca e impotencia, porque encima de que faltaron reflejos rápidos para poner en marcha el operativo de socorro, ahora las autoridades muestran impotencia para no solo retirar los trastos que han quedado en las calles, sino en la manera en que se hacen llegar los víveres a los damnificados. Si hubiera que ponerle un título, hoy podríamos decir sin tapujos, ni exageración, que por desidia de quienes la gobiernan, hoy La Plata es la ciudad de la vergüenza.
Para que se tenga una idea del escenario de destrucción y muerte, en las últimas horas la comuna local dio a conocer los números fríos del relevamiento de daños. Estos hablan por sí mismos. Uno de cada cuatro inmuebles se inundó y 58.582 resultaron afectados. En tanto que las pérdidas llegan a los 2.618 millones de pesos, por lo que cada familia necesita promedio, 78 mil pesos para reparar su vivienda.
La devastación por el paso arrollador de las aguas afectó al 25% de la población, es decir a 135.037 vecinos, pero la cifra de afectados supera el 55% de los habitantes, si se contemplan los que perdieron un auto o los que sufren otro tipo de perjuicios. Esto se da en el plano vecinal, pero traducido al comercio, las pérdidas materiales son de 120 mil pesos promedio cada uno.Lo habíamos dicho en un artículo anterior que lo ocurrido en La Plata fue una tragedia anunciada, producto de la desidia de sus autoridades. Una prueba de ello es que la ciudad se inundó cuatro veces en 8 años y se desoyeron los alertas de los ingenieros en hidráulica, que habían advertido de la inminencia de una catástrofe.
Para que los lectores tomen una dimensión, el agua tapó a media ciudad en el 2002, 2005, 2008 y la última fue en el 2010. Aquella vez los especialistas encendieron todas las luces rojas, pero los gobernantes subestimaron el pronóstico, hasta que desde el cielo llovió lo peor.
El viernes entrevisté en la radio a la socióloga y consultora Celia Kleiman, una reconocida politóloga, quien me comentó que en el 2011 le habían encargado un relevamiento sobre la opinión de los habitantes de la ciudad de las diagonales y la mayoría de ellos coincidía, al juzgar la gestión municipal del intendente Pablo Bruera, que todo lo que se hacía era una suerte de "maquillaje". Es decir, se acomodaban plazas y paseos públicos y se pintaban cordones de las veredas. Marketing puro, pero de nada servía colocar bonitos bancos y juegos en las plazas, cuando lo que se requería era obras de infraestructura y detener el Código de Planificación Urbana, que permitió la construcción indiscriminada de edificios, haciendo colapsar los servicios de desagues.
Convengamos que la ciudad de La Plata tiene el mismo sistema de desagues de su fundación y aunque muchos caños se han reemplazado, más del 50% son obsoletos y están esclerosados por el paso del tiempo. Lo que estoy diciendo no es una ecuación caprichosa, sino que me lo confirmó un alto dirigente sindical del gremio de Obras Sanitarias, quien además resaltó que cuando se puso en marcha la fiebre de construir edificios, no se pidió permiso a ver de qué manera había que adaptar las cañerías para sumarlas al sistema general.
Por poner un ejemplo, si en una manzana había 200 casas, les sumaron 10 edificios. No es difícil hacer las cuentas. Es como si en la habitación de la casa queremos que entren mil personas. Así fue como La Plata comenzó a explotar y la epidemia del cemento acabó con los espacios verdes, los que la naturaleza puso y no caprichosamente, para que escurra el agua. Todavía recuerdo un diálogo que mantuve con el intendente Pablo Bruera, cuando en campaña salió a recorrer los barrios y tocó el timbre en mi casa. Aquella vez le señalé que si bien es cierto que hay que darle la bienvenida al progreso, no se puede devastar una ciudad tradicional, con casas centenarias que pertenecen al patrimonio histórico, para dar paso a enormes moles.Bruera aquella vez prometió frenar el vendaval de edificaciones, pero ya era tarde, el daño estaba hecho y la tragedia se ponía en marcha.
Después de la construcción de la autopista Buenos Aires La Plata, que frenó el normal escurrimiento de las aguas de la ciudad hacia los bañados de la periferia y se convirtió en una suerte de escudo, cada vez que llovía mucho, el agua volvía hacia el casco urbano, con las consecuencias que hemos citado. Luego la construcción del Estadio Unico, hizo que la geografía de esa zona del barrio de Tolosa se transformara en la postal de la destrucción y la muerte en el último diluvio. Y las cosas no pasan por casualidad. El agua, así como viene, se va, pero desnuda las imprevisiones y la desidia de los funcionarios.
Con esta catástrofe quedó demostrado que La Plata no contaba con un plan de contingencia frente a una emergencia. Como por ejemplo lo tiene Chile frente un tsunami o un terremoto. Claro, para nuestras autoridades aquí no pueden ocurrir esas cosas. Y encima, frente a las advertencias meterológicas en los días previos, a nadie se le ocurrió poner en alerta a los organismos especiales. El intendente Bruera tomaba sol en Brasil y cuando se dio cuenta que se le venía la noche, tuiteó que estaba asistiendo a las víctimas. Pero como la mentira tiene pata corta, se descubrió la patraña. Bruera llegó a La Plata a la media mañana del día posterior al desastre. Eso sí, de allí en más no se perdió una sola foto al lado del gobernador Scioli y las autoridades nacionales. Por eso la gente descargó toda su bronca contra los funcionarios. Porque ni siquiera aún hoy saben cómo hacer llegar la ayuda a los barrios. Hay gente que tiene que transitar 20 kilómetros para buscar un colchón y una bolsa de comida en un centro de ayuda, cuando los manuales básicos enseñan que lo que hay que hacer es ir a los escenarios del desastre y atender personalmente los requerimientos básicos de la población.
De resultas de lo que el agua ha dejado, hay que ponderar y darle medalla de oro a la cadena solidaria, que básicamente la gente ayudó a poner en marcha y las donaciones que brotaron desde todos los rincones. Ahora los funcionarios deberán tomar nota que no sólo el agua puede arrasar a la ciudad de La Plata, sino la destilería de YPF, que el mismo día que se desataba la tragedia, se registraba un incendio en la planta de coque que hizo temer lo peor, porque puede volar en pedazos todo el éjido urbano. A raíz de ese siniestro, y como si fuera poco, hoy está faltando combustible y se observan largas colas en las estaciones de servicio.
Seguramente en octubre, cuando llegue el momento en que tengan que hablar las urnas, muchos funcionarios empezarán a paladear el sabor amargo de la derrota, porque ya hoy tienen fecha de vencimiento. Ojalá que esto deje una enseñanza. El agua no perdona, pero la gente tampoco.
viernes, 5 de abril de 2013
La Plata se asemeja a una ciudad bombardeada, donde los muertos se lloran en todos los rincones
Por Jorge Joury
El lodo negro y aceitoso pegado en las paredes, es el mudo testimonio de la tragedia. Allí es donde el agua dijo, de manera arrogante y sin perdonar nada a su paso: hasta aquí llegué. En algunos lugares es un metro y medio de altura y en otros los supera. Es como un latigazo en los frentes de las casas. A todo esto, hoy muchos se preguntan cuántos son los muertos que llora la ciudad de La Plata. Poco importa si son los 51 que hasta ahora contabilizó el gobierno provincial, más los 20 desaparecidos que se buscan por los arroyos y zanjas. O las decenas de niños que el imaginario popular comenta que aún están en los lechos de ríos y arroyos.
Lo cierto es que la naturaleza se ensañó como si fuera una maldición bíblica con la coqueta y mejor trazada ciudad del país y le abrió las puertas del cielo descargando 340 milímetros de agua. Algo así como lo que llueve durante un otoño entero, solo que esta vez fue en poco más de dos horas.
Algunos comparaban al fenómeno, como abrir las compuertas de un dique.Y el agua salió como podía. Explotando con toda su furia y arrollando con todo a su paso. Tal vez porque ya ni quedan jardines para escurrir y las moles de cemento han modificado substancialmente la geografía urbana. Tampoco se han ampliado los desagües y entubado de manera correcta los arroyos. Claro, desde su fundación La Plata creció cien veces demográficamente y donde ayer había 200 casas por manzana, hoy se les suman 10 edificios en cada sector, debido al Proyecto de Planificación Urbana que hizo aprobar el intendente Pablo Bruera. Uno de los más fenomenales negociados, con poderosas empresas que se adueñaron y devastaron cuanto espacio verde o pulmón de manzana quedaba en la bonita ciudad que concibió el arquitecto Pedro Benoit. Ya la autopista Buenos Aires- La Plata, había sido en su momento con ua inundación del 2008, un motivo de advertencia de los ecologistas, ya que era como construirle un muro con semejante terraplen y detener el drenaje de las aguas del casco urbano.
Pero Bruera habrá pensado que si el arquitecto había diseñado una urbe con tantas plazas y diagonales, con eso sobraba y se le podía meter para adelante con la revolución del ladrillo.Y así fue como La Plata un día colapsó y la naturaleza se ensañó de la manera más furibunda y trágica que se recuerde, destruyendo todo a su paso.
El agua buscó por donde salir y lo hizo hasta por los inodoros, rejillas, levantó veredas, pisos de viviendas, cámaras eléctricas y no aguantaron ni sumideros, ni desagües para semejante explosión. Lastimosamente pagó la gente, pero la naturaleza no hizo distingo. Ricos y pobres fueron golpeados por la misma vara. Y aunque algunos puedan levantarse antes, los otros estarán condenados a sufrir de por vida la peor de las pesadillas, porque de la pobreza que aniquila de esta manera, no se vuelve.
Algunos hablan de más de 100 muertos.Los más afectados fueron los mayores. Los que no podían desplazarse por enfermedades y el agua los sorprendió en el descanso.Otros fallecieron por infartos, viendo como se avecinaba el final de una película de terror. Como si fuera poco, comenta el imaginario popular que se busca a decenas de niños que no aparecen.
Pero las historias siguen. Conmueve el caso de una mujer embarazada que camino 15 cuadras con el agua hasta el pecho y cuando fue asistida por los médicos, perdió a su bebé. El fallecimiento de Lucila Ahumada de Inama, la abuela de Plaza de Mayo que falleció ahogada en el interior de su viviendas de la calle 29 entre 36 y 37. El hombre que murió ahogado en su propio auto porque se trabaron los seguros de las puertas.
Impresiona además el testimonio que recogí en la radio de Marcelo Tucci, jefe del cuerpo de Bomberos de Florencio Varela, que con sus hombres fueron a socorrer el barrio de Los Hornos y se encontraron con el dramático cuadro de tres cadáveres de personas mayores arrastrados por la correntada, mientras los chicos lloraban sobre los techos de las humildes casas clamando socorro, como preguntándose por qué tanto horror.
Y en medio de este cuadro desolador, donde los camiones del Ejército aún recorren los barrios llevando un plato de comida caliente a los damnificados, sobre las veredas aparecen como mudo testimonio del drama, colchones, muebles, sillas y electrodométicos convertidos en hilachas. Es la postal de una ciudad bombardeada, donde los cartoneros se hacen la diaria con sus carros atestados de trastos, yendo y viniendo por más.
Los comerciantes también han sacado a la vereda las bolsas de todos los artículos inutilizados. Las pérdidas que acusó la Sociedad de Comercio, superan los 531 millones de pesos. Scioli les ha prometido excenciones impositivas y créditos blandos. Pero no hay plata para compensar el drama y la tristeza que se vive en cada hogar, donde el brazo solidario de los vecinos, hoy es el único motor que puede hacer posible la reconstrucción.
Y en el mientras tanto, aparecen los saqueadores, que al caer la noche convierten a la ciudad de una boca de lobos. Son las peores lacras de la delincuencia que no se apiadan de nada y brotan como chacales hambrientos de los rincones, viendo que rapìñar. Son los mismos que durante el día arrasaron con cuanto producto encontraron en los supermercados Carrefour, Vea y los mayoristas Nini y Vital. Aquellos que obligan a los pocos damnificados que aún permanecen en sus casas a no abandonarlas y los condenan a dormir en medio del agua, sobre las superficies altas de los muebles para que no les arrebaten lo último que les queda. Son de la misma raza vandálica de los que depredaron la Escuela número 25 de la localidad de Berisso.
Hasta aquí, el cuadro de situación en una ciudad a la que podríamos denominar de entristecida por el drama. Pero solidaria como pocas, porque la cadena de voluntades es inmensa para socorrer al prójimo. Se ve en los clubes, en las iglesias, en las sociedades de fomento, en las ONG y en la Cruz Roja.
Pero en las últimas horas, ha crecido un foco de preocupación. Se habla de la posibilidad de epidemias, por eso se pusieron en marcha campañas rápidas y se alistaron a diez hospitales para vacunar de hepatitis y gripe a la población.También existe temor por la leptopirósis, la terrible enfermedad que genera la orina de las ratas. No olvidemos que fueron miles de roedores los que debieron salir despavoridos de sus madrigueras. Y además el dengue, la amenaza más latente.
Pero también hay que decir que La Plata, hoy tiene la fisonomía de una ciudad militarizada, tanto por la presencia de fuerzas federales y como de la propia policía bonaerense. Las almas de sus habitantes están electrizadas aún por el ulular de las ambulancias y los motores de los helicópteros sobrevolando el cielo de las barriadas más golpeadas. Atemorizada cuando llega la noche, porque aún hay muchas zonas sin luz. Con una morgue atestada de gente desencajada buscando los cuerpos de sus familiares, que aún a 48 horas del drama, no aparecen.
No obstante hay que señalar que la mayoría de la población, que casi llega al millón de habitantes, por estas horas está muy enojada y decepcionada con sus gobernantes. O porque "llegaron tarde" o " no concretan obras con los altos impuestos que pagamos", como dijo el ex futbolista de Estudiantes, Juan Sebastián Verón, que aportó su sentido crítico y tuvo que salir con un bote a socorrer a familiares de su esposa. O porque el intendente Pablo Bruera estaba en Brasil de vacaciones, cuando se desató el drama y ordenó según dicen a uno de sus subalternos a twitear que estaba socorriendo a los inundados.
Cuánto tiempo pasará para que las heridas cicatricen, es improbable de predecir. En el 2008, aunque no de esta magnititud, otra lluvia había avisado, que lo peor estaba por venir. Pero nadie leyó ese telegrama que venía desde el cielo. Lo cierto es que si de una vez por todas no se ponen en marcha las obras de infraestructura que se requieren, la catásfrofe se puede reeditar. Juan José Castelli alguna vez escribió lo siguiente: si puedes ver el futuro, mejor no me lo cuentes...
Lo cierto es que la naturaleza se ensañó como si fuera una maldición bíblica con la coqueta y mejor trazada ciudad del país y le abrió las puertas del cielo descargando 340 milímetros de agua. Algo así como lo que llueve durante un otoño entero, solo que esta vez fue en poco más de dos horas.
Algunos comparaban al fenómeno, como abrir las compuertas de un dique.Y el agua salió como podía. Explotando con toda su furia y arrollando con todo a su paso. Tal vez porque ya ni quedan jardines para escurrir y las moles de cemento han modificado substancialmente la geografía urbana. Tampoco se han ampliado los desagües y entubado de manera correcta los arroyos. Claro, desde su fundación La Plata creció cien veces demográficamente y donde ayer había 200 casas por manzana, hoy se les suman 10 edificios en cada sector, debido al Proyecto de Planificación Urbana que hizo aprobar el intendente Pablo Bruera. Uno de los más fenomenales negociados, con poderosas empresas que se adueñaron y devastaron cuanto espacio verde o pulmón de manzana quedaba en la bonita ciudad que concibió el arquitecto Pedro Benoit. Ya la autopista Buenos Aires- La Plata, había sido en su momento con ua inundación del 2008, un motivo de advertencia de los ecologistas, ya que era como construirle un muro con semejante terraplen y detener el drenaje de las aguas del casco urbano.
Pero Bruera habrá pensado que si el arquitecto había diseñado una urbe con tantas plazas y diagonales, con eso sobraba y se le podía meter para adelante con la revolución del ladrillo.Y así fue como La Plata un día colapsó y la naturaleza se ensañó de la manera más furibunda y trágica que se recuerde, destruyendo todo a su paso.
El agua buscó por donde salir y lo hizo hasta por los inodoros, rejillas, levantó veredas, pisos de viviendas, cámaras eléctricas y no aguantaron ni sumideros, ni desagües para semejante explosión. Lastimosamente pagó la gente, pero la naturaleza no hizo distingo. Ricos y pobres fueron golpeados por la misma vara. Y aunque algunos puedan levantarse antes, los otros estarán condenados a sufrir de por vida la peor de las pesadillas, porque de la pobreza que aniquila de esta manera, no se vuelve.
Algunos hablan de más de 100 muertos.Los más afectados fueron los mayores. Los que no podían desplazarse por enfermedades y el agua los sorprendió en el descanso.Otros fallecieron por infartos, viendo como se avecinaba el final de una película de terror. Como si fuera poco, comenta el imaginario popular que se busca a decenas de niños que no aparecen.
Pero las historias siguen. Conmueve el caso de una mujer embarazada que camino 15 cuadras con el agua hasta el pecho y cuando fue asistida por los médicos, perdió a su bebé. El fallecimiento de Lucila Ahumada de Inama, la abuela de Plaza de Mayo que falleció ahogada en el interior de su viviendas de la calle 29 entre 36 y 37. El hombre que murió ahogado en su propio auto porque se trabaron los seguros de las puertas.
Impresiona además el testimonio que recogí en la radio de Marcelo Tucci, jefe del cuerpo de Bomberos de Florencio Varela, que con sus hombres fueron a socorrer el barrio de Los Hornos y se encontraron con el dramático cuadro de tres cadáveres de personas mayores arrastrados por la correntada, mientras los chicos lloraban sobre los techos de las humildes casas clamando socorro, como preguntándose por qué tanto horror.
Y en medio de este cuadro desolador, donde los camiones del Ejército aún recorren los barrios llevando un plato de comida caliente a los damnificados, sobre las veredas aparecen como mudo testimonio del drama, colchones, muebles, sillas y electrodométicos convertidos en hilachas. Es la postal de una ciudad bombardeada, donde los cartoneros se hacen la diaria con sus carros atestados de trastos, yendo y viniendo por más.
Los comerciantes también han sacado a la vereda las bolsas de todos los artículos inutilizados. Las pérdidas que acusó la Sociedad de Comercio, superan los 531 millones de pesos. Scioli les ha prometido excenciones impositivas y créditos blandos. Pero no hay plata para compensar el drama y la tristeza que se vive en cada hogar, donde el brazo solidario de los vecinos, hoy es el único motor que puede hacer posible la reconstrucción.
Y en el mientras tanto, aparecen los saqueadores, que al caer la noche convierten a la ciudad de una boca de lobos. Son las peores lacras de la delincuencia que no se apiadan de nada y brotan como chacales hambrientos de los rincones, viendo que rapìñar. Son los mismos que durante el día arrasaron con cuanto producto encontraron en los supermercados Carrefour, Vea y los mayoristas Nini y Vital. Aquellos que obligan a los pocos damnificados que aún permanecen en sus casas a no abandonarlas y los condenan a dormir en medio del agua, sobre las superficies altas de los muebles para que no les arrebaten lo último que les queda. Son de la misma raza vandálica de los que depredaron la Escuela número 25 de la localidad de Berisso.
Hasta aquí, el cuadro de situación en una ciudad a la que podríamos denominar de entristecida por el drama. Pero solidaria como pocas, porque la cadena de voluntades es inmensa para socorrer al prójimo. Se ve en los clubes, en las iglesias, en las sociedades de fomento, en las ONG y en la Cruz Roja.
Pero en las últimas horas, ha crecido un foco de preocupación. Se habla de la posibilidad de epidemias, por eso se pusieron en marcha campañas rápidas y se alistaron a diez hospitales para vacunar de hepatitis y gripe a la población.También existe temor por la leptopirósis, la terrible enfermedad que genera la orina de las ratas. No olvidemos que fueron miles de roedores los que debieron salir despavoridos de sus madrigueras. Y además el dengue, la amenaza más latente.
Pero también hay que decir que La Plata, hoy tiene la fisonomía de una ciudad militarizada, tanto por la presencia de fuerzas federales y como de la propia policía bonaerense. Las almas de sus habitantes están electrizadas aún por el ulular de las ambulancias y los motores de los helicópteros sobrevolando el cielo de las barriadas más golpeadas. Atemorizada cuando llega la noche, porque aún hay muchas zonas sin luz. Con una morgue atestada de gente desencajada buscando los cuerpos de sus familiares, que aún a 48 horas del drama, no aparecen.
No obstante hay que señalar que la mayoría de la población, que casi llega al millón de habitantes, por estas horas está muy enojada y decepcionada con sus gobernantes. O porque "llegaron tarde" o " no concretan obras con los altos impuestos que pagamos", como dijo el ex futbolista de Estudiantes, Juan Sebastián Verón, que aportó su sentido crítico y tuvo que salir con un bote a socorrer a familiares de su esposa. O porque el intendente Pablo Bruera estaba en Brasil de vacaciones, cuando se desató el drama y ordenó según dicen a uno de sus subalternos a twitear que estaba socorriendo a los inundados.
Cuánto tiempo pasará para que las heridas cicatricen, es improbable de predecir. En el 2008, aunque no de esta magnititud, otra lluvia había avisado, que lo peor estaba por venir. Pero nadie leyó ese telegrama que venía desde el cielo. Lo cierto es que si de una vez por todas no se ponen en marcha las obras de infraestructura que se requieren, la catásfrofe se puede reeditar. Juan José Castelli alguna vez escribió lo siguiente: si puedes ver el futuro, mejor no me lo cuentes...
martes, 19 de marzo de 2013
La historia inédita del Papa de los pobres que puso una pata fuerte en la zona Sur
Arrancó de la manera más austera. Tal como se esperaba. No quiso usar la cruz de oro de los pontífices durante las primeras ceremonias y se colocó una de plata vieja. Y además, ya es un secreto bajo siete llaves en El Vaticano, que el martes, cuando sea entronizado como el rey de la Iglesia Católica, se dice que "el anillo del Pescador", que los orfebres están construyendo, podría ser realizado en bronce y no en oro, como eligieron los últimos pontífices. Una muestra de austeridad, que se remonta a las costumbres de la época renacentista.
Algunos ya lo llaman "El Papa de la gente" o "El Papa de los pobres". Lo cierto es que en menos de 24 horas, Jorge Bergoglio se ha convertido en una leyenda viviente que no deja de sorprender y que ha dado sobradas muestras de cómo será su pontificado. No viajó en primera clase a Roma. Lo hizo en la turista y pidió que donen la diferencia a los pobres. Pagó el hotel donde se hospedó y su primer viaje como sumo pontífice, lo hizo en micro, dejando de lado los vehículos lujosos y grandilocuentes que utilizaban sus antecesores.
Este hombre, que por su bajo perfil de asemeja a una joya que no se muestra por su enorme valor, no solo dejó su huella en la capital federal, sino en muchos rincones del país, pero en especial de la zona Sur. Sobre él se cuentan muchas historias que transparentan su gran sentido solidario y su compromiso por las causas más nobles.
Comentan por los pasillos de la diócesis de Quilmes, que cuando puso un pie en el distrito para poner en funciones a monseñor Carlos Tissera, se interesó sobremanera por la realidad social y hasta pidió visitar las villas de la zona, para tomar contacto con los más necesitados. (Ver comentario en lugar aparte de este portal).
Desde ese momento, un tal Jorge Bergoglio empezó a encandilar a muchos feligreses de la región. Aseveran que con monseñor Tissera mantenía charlas periódicas para preguntar como iba la ayuda de la Iglesia hacia los más necesitados y hasta preguntaba si hacía falta que él traccionara más elementos, como comida, medicamentos, ropa y frazadas. La tristeza la dolía y la solidaridad le brotaba por los poros, así lo definió alguien que lo conoció y dijo que "siempre le asombró el brillo que irradiaban sus ojos y la sensación de paz que dejaba su palabra serena".
Ese Bergoglio que estamos comenzando a conocer de a poco, ya estaba en el escenario de la Iglesia en los años de la represión y fue allí cuando se comprometió de manera inequívoca con muchas personas perseguidas de este lado del conurbano bonaerense, para ayudarlas a salir del país.
La abogada Alicia Olivera, que conoce a Bergoglio hace 40 años y que en los años 70 era jueza, hasta que el Proceso Militar la echó, da prueba de esto."Jorge prestó su documento personal y hasta la sotana, para que algunos perseguidos por cuestiones políticas cruzaran la frontera. Fue un hombre que se jugó siempre por las causas más nobles y no tuvo reparos en ir a pedir a Videla o a Massera por algunos desparecidos. Se jugaba la vida, ya que en esa época había que tenerlas bien puestas, para hacer lo que hizo Bergoglio".
Los curas de la región que se encandilaron con este hombre de austero sobretodo negro y traje gastado por el uso, también comentan que "Jorge nunca ocultó su condición de peronista. Es más, el contaba con orgullo que cuando era estudiante secundario, un día lo amonestaron por llevar en la solapa el escudo del partido. Los dicen que era de derecha, es porque no lo conocieron".
Otro de los sacerdotes consultados en esta investigación, también añadió que "Bergoglio siempre preguntaba como estaba el avance de la droga en la zona Sur. El mandaba a decir que en las homilías había que insistir con la prevención y marcar que el narcotráfico se estaba llevando puesta a una generación de jóvenes. Hay que sacar a los narcos de la sociedad, insistía. Lo mismo marcaba con la trata de personas, la esclavitud sexual, el trabajo clandestino y la explotación laboral. Hay referentes de la zona, como Osvaldo Tondino, de la Federación de Instituciones, un hombre comprometido en estas luchas que puede dar fe de estas prédicas. Lo mismo que Gustavo Vera, presidente de la ONG "La Alameda" a quien Bergoglio ayudó a empujar sus denuncias para frenar estos terribles flagelos".
El mismo informante reveló que Jorge Bergoglio cuando ocurrió la tragedia de Cromañón, recibió a los familiares de las casi 200 víctimas, muchos de ellos también de la región a quienes dio amparo, contención religiosa, buenos consejos y hasta usó sus contactos con prominentes jueces, para que pudieran encontrar la justicia que buscaban.
Además, el 23 de septiembre pasado Bergoglio viajó en tren por la línea Roca hacia La Plata, pra casar al matrimonio de Gastón y María Emilia, ceremonia que se realizó en la Iglesia Nuestra Señora de Pompeya. Y aquí, uno de los presentes comentó una anécdota sobre el por entonces arzobispo que lo pinta de cuerpo entero. Cuando los novios lo invitaron a fotografiarse en el atrio de la Iglesia, el respondió: "Perdonenmé que no lo haga, pero las estrellas son ustedes".
EL PERFIL DE UN HOMBRE ILUMINADO POR LA HUMILDAD
Fue la gran sorpresa para todos los argentinos. Nadie lo tenía. Tal es así que las cadenas de medios locales pendientes a lo que pasaba detrás de la cortina del balcón de El Vaticano, cuando escucharon la designación, casi no reaccionaron.
No entendían como un tal Jorge Bergoglio, al que nadie le había puesto una ficha como candidato firme, porque hasta pocas horas antes todas apuestas se las llevaba un brasileño, iba a convertirse en el nuevo Pontífice. Alguien, que de aquí en más, llevará el nombre de Francisco Primero.Y no es una casualidad que este santo sea el que lo acompañe con su nombre, porque fue uno de los que más reivindicó a la Iglesia con la pobreza. Hay que tener en cuenta, que la austeridad fue una de las cartas más preciadas que exhibió Jorge Bergoglio, en un ámbito que mucho no se distingue por esas bondades.
Sin embargo, aunque el asombro fue generalizado, comentan en los pasillos de El Vaticano, que Bergoglio ya había recibido un guiño de su antecesor, Benedicto XVI. Antes de hacer efectiva su renuncia, el entonces Papa lo designó como miembro de la Pontificia Comisión Para la América Latina, CAL. Los entendidos en estas cuestiones, aseguran que la "bendición" estaba en marcha y poco después el purpurado porteño y hoy líder máximo de la Iglesia, partió hacia Roma para participar del cónclave, que terminó por ungirlo en el trono más alto, a la diestra de Dios.
El nuevo Papa es un hombre al que lo califica la austeridad y en su momento se ha puesto muy firme en ser un duro crítico hacia los gobiernos, en su lucha contra la pobreza. Lo hizo con Menem y también con los Kirchner, lo cual lo alejó de los círculos del poder político y fue pocas veces consultado o tenido en cuenta por los mandatarios.
Para pintar algunas acuarelas de la vida de Jorge Bergoglio, se puede decir que vivía hace años solo en un sencillo departamento del edificio de la Curia, ubicado frente a la Plaza de Mayo y próximo a la Catedral Metropolitana. Se manejó siempre de manera esquiva a las apariciones mediáticas. Los que conocen sus movimientos, señalan que eso le permitió por ejemplo viajar en el subte, sin ser advertido como una personalidad de la Iglesia, mezclándose entre la gente como uno más.
No fueron pocas las veces en que este hombre dio muestras de su bajo perfil. Cuando fue ordenado cardenal solicitó que le ajustaran la ropa de su antecesor, monseñor Quarracino, en lugar de ordenar nuevas prendas.Y es más, en los pasillos de la Curia se comentó siempre que cuando viajaba a Roma, evitaba siempre utilizar la indumentaria del cargo y lo hacía con un sencillo sobretodo negro.
Jorge Mario Bergoglio tiene 76 años y nació en la ciudad de Buenos Aires un 17 de diciembre de 1936. Es hijo de un matrimonio de italianos, conformado por Mario Bergoglio, un ex empleado ferroviario y Regina, ama de casa. Gente humilde y de trabajo. Egresó de la escuela secundaria ENET número 27, Hipólito Yrigoyen, con el título de técnico químico. Pero en 1957, a los 21 años su vida dio un vuelco radical, cuando decidió ordenarse como sacerdote y consagrar su vida a Dios.
Por ese entonces ingresó en el seminario del barrio de Villa Devoto, como novicio de la orden jesuita. Allí dio el puntapié inicial en su larga carrera eclesiástica, que lo consagró en 1992, como cardenal de Buenos Aires.
Pero por aquel entonces la salud le jugó una mala pasada y sufrió problemas respiratorios que derivaron en una compleja operación que lo dejó con un pulmón menos.
"Mientras Dios me deje respirar, consagraré mi vida a los pobres", le dijo a los más íntimos, después de reponerse del difícil trance. Pero más allá de ser un hombre de lleno consagrado a la Iglesia, Jorge Bergoglio es un apasionado del fútbol y confeso hincha de San Lorenzo de Almagro.
Tal es así, que en la época en que el "Beto" Acosta se había convertido en el rompe redes de los Gauchos de Boedo, el plantel le regaló al cura, una camiseta autografiada por los jugadores.
Fútbol, mate y tango, son las pasiones que acompañaron la vida del nuevo pontífice, quien de chico acompañaba a su padre al viejo Gasómetro, porque éste jugaba en el equipo de básquet azulgrana.
Hay anéctodas que pintan de cuerpo entero el fanatismo de Bergoglio por los colores de su club favorito. Tal es así, que durante una misa, una vez recordó al equipo campeón del 46, con Farro, Pontoni y Martino y confesó no haberse perdido uno solo de esos partidos.
En el 2008, el entonces cardenal recibió de manos de los dirigentes, una camiseta y su carnet social como "socio centenario" del club. En el plano institucional, Bergoglio tuvo además un rol preponderante dentro de la cumbre eclesiástica argentina. Fue presidente de la Conferencia Episcopal durante 2 períodos.
También hay que decir que sus relaciones con el gobierno, no transitaron precisamente por los caminos de la concordia. Fue muy crítico con las políticas sociales de Néstor y Cristina Kirchner y lo proclamó a tambor batiente en muchas de sus homilías. A la relación de Bergoglio con el matrimonio K, podría calificarsela de tensa y distante. Hubo solo pocos encuentros, a través de lo meramente protocolar.
Para muestra basta un botón: con la Presidenta no se ve las caras desde el 17 de marzo del 2010 y los encuentros entre el nuevo Papa y los Kirchner, en total fueron apenas 4. Al nuevo Papa nunca le cayeron bien los discursos del matrimonio presidencial, criticando el rol de la Iglesia durante la Dictadura Militar.Tampoco a Néstor y Cristina le agradaban las periódicas devoluciones del cardenal, con sus llamados a combatir la pobreza, la inseguridad, la corrupción o la desigualdad social.
Pero la relación alcanzó su punto más álgido y desató olas, cuando Bergoglio en octubre del 2009, afirmó en un seminario que "los derechos humanos se violan no solo por el terrorismo, la represión, los asesinatos, sino también por la extrema pobreza".
También el disgusto llegó a lo más alto del poder político, cuando Jorge Bergoglio consideró que el matrimonio igualitario que aprobó el Congreso de la Nación, con absoluta mayoría K, "era una movida del Diablo". Pero allí no terminaron los embates.El purpurado también se opuso al aborto no punible, indicando que "nunca es una solución" y reclamó "que se respete y se preserve, tanto la vida de la madre, como la del niño por nacer".
No obstante los vientos de tormenta que acompañaron a la relación de Bergoglio con lo más alto del poder político, el arzobispo tuvo una consideración especial, al pedir gratitud cuando falleció el ex presidente : "hoy estamos aquí para rezar por un hombre que se llama Néstor Kichner, que fue recibido por las manos de Dios y fue en su momento ungido por su pueblo", aseguró.
Lo cierto es que ha llegado "El Papa del Fin del Mundo", como lo llaman desde Europa. Es argentino y tiene mucho por hacer para ordenar una Iglesia que está en múltiples cuestiones bajo la lupa de sus feligreses. Por lo pronto, tiene varios atributos a favor. En nuestro país izó las banderas de la lucha contra la trata de personas y la explotación inhumana en los talleres textiles clandestinos. Quienes lo conocen dicen que es partícipe de la tolerancia cero con los curas pedófilos y la corrupción dentro de su propio reino. Dios, tiene la última palabra...
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