jueves, 30 de agosto de 2012

El muro de Quilmes es la postal más triste de una sociedad que vive sumida en la inseguridad





Por Jorge Joury

Se consideran animales de caza de la delincuencia. Y aunque no viven en la selva, es como si lo fuera. Son los vecinos de Quilmes, la otrora bella y pujante ciudad, se ha convertido en los últimos tiempos en uno de los "paraísos", más prósperos del hampa. La droga, la marginalidad y la desidia de las autoridades, los ha llevado al punto límite de levantar su propio muro de seguridad para protegerse. Una pared para separar el mundo de la marginalidad, resguardando la supervivencia de los quieren vivir en paz.

Esta realidad se condice con el guión de las películas "El Padrino I y II " que llevó al escritor Mario Puzzo a escribir esas obras maestras, que le valieron dos premios Oscar. Pero tal vez, Puzzo nunca pensó que la realidad lo iba a superar, con una pared que sirviera de contención frente a la mafia y que hoy se alza como un cachetazo ante la indiferencia de los funcionarios locales.
Pero lo cierto es que muchos vecinos de Quilmes han decidido vivir dentro de una fortificación, como en la etapa medieval, para ya no hacer frente a aquellos ejércitos que empuñaban sus lanzas, sino a la ley del revólver que impera en el lugar y que mata y se va, con absoluta impunidad.

El propio Hugo Salinas, uno de los impulsores de la medida de protección, se manifiesta escéptico de las soluciones que pueda aportar el Estado Municipal. "Hicimos una manifestación con más de 5 mil personas en la plaza de Quilmes y el intendente Francisco Gutiérrez ni se enteró. Presentamos un petitorio con miles de firmas hace más de 8 meses y encima tuvimos que pagar para iniciar el trámite y nadie nos contestó".

Guiados por la consigna "cuidáte a vos mismo porque nadie más lo va a hacer por vos", 20 frentistas contrataron albañiles, pusieron cada uno 500 pesos de sus bolsillos y levantaron un muro de 18 metros de largo y 2,5 de alto, con alambres de púas mirando al cielo y lo hicieron sin permiso municipal a un costo de 7.200 pesos. Está ubicado junto a las vías del ferrocarril Roca, frente a la maltería y cervecería Quilmes.
La estructura de ladrillos y cemento no perturba a nadie, ya que del otro lado del paredón no hay villa de emergencia y están sólo las vías del tren por donde pasa el ferrocarril.
Entrar en la vida de Hubo Salinas, un próspero comerciante y hombre de trabajo, casado y padre de 4 hijos, es comenzar a descorrer el telón de un verdadero vía crucis, similar al de miles de vecinos. Una comunidad de descorazonados, a la que va costar devolverles el derecho a creer en la justicia.

Para poner en valor la historia de Salinas, cuenta "por miles" los robos de los que fue víctima. Por ir a su experiencia más cercana, sufrió cuatro asaltos en un mes en dos de sus comercios. Y como su fuera poco, hoy duerme con un ojo abierto, mirando a una escopeta de dos caños que tiene sobre la mesa de luz, temiendo que entren a su casa a cualquier hora de la madrugada y terminen hasta abusando de su propia familia.

Salinas compró un terreno para mudarse a Berazategui, pero dice que no se resigna "a que terminen ganando los delincuentes", porque Quilmes fue la tierra que sus padres eligieron para construir un futuro de trabajo y abnegación. Cuenta Salinas que sobre la avenida Hipólito Yrigoyen todas las propiedades están en venta, pero nadie quiere venir a lo que es hoy Quilmes: "la tierra del miedo".

Agobiado por no encontrar respuestas en su propio distrito, Salinas salió a construir un gran movimiento vecinal con habitantes de muchos lugares de la provincia de Buenos Aires, donde se padece de los efectos de esta plaga del siglo XXI y hoy cuenta con el apoyo de habitantes de 28 distritos donde también se vive con miedo. "Esto es un cáncer que nos está matando a todos. Nos pueden robar, pero nadie se resigna a que nos maten como perros", sostiene.
Salinas quiere llegar al gobernador de Buenos Aires y hasta la propia presidenta de la Nación."Ellos tienen que escucharnos y darnos la solución. Si cuentan con intendentes inútiles, que los saquen y pongan funcionarios que nos representen dignamente. No hacemos política, somos gente de trabajo", agrega.

Para este comerciante, que se ha puesto al hombro el reclamo de la comunidad, "la complicidad policial es evidente en lo que pasa en Quilmes. Cuando robaron en mis locales les llevamos los videos de las cámaras de seguridad donde se puede identificar perfectamente a los ladrones y nunca los detuvieron. Ellos saben quienes son y donde se ocultan, pero hay connivencia y corrupción, al igual que con la droga y para terminar con esto hacen falta políticas de Estado y la firme intención de erradicar el delito".
Salinas también relata que por su derrotero por el territorio bonaerense encuentra las historias más preocupantes."Nuestro drama se replica en todos los rincones". Y pone como ejemplo el caso de su visita a la zona de la costa, hace apenas dos semanas."Cuando llegamos allí los vecinos venían hacia nosotros como hormigas a contarnos sus historias". Y explicó que "hay decenas de casas tomadas por la delincuencia y otro tanto desvalijadas. Gente que va un fin de semana con su familia para disfrutar de dos días de esparcimiento y se encuentra que le han llevado todo. Los delincuentes actúan hasta con camiones de mudanza. Y la policía, dónde está", se pregunta con indignación.

Hoy las estadísticas marcan la temperatura de un conurbano en llamas. Si tenemos en cuenta que los piratas del asfalto roban 30 camiones de mercadería por semana, un negocio que al año reporta 300 millones de pesos a las arcas del delito, los allanamientos "para la tribuna", ya no alcanzan. En este caso estamos frente a organizaciones mafiosas que cuentan con contadores y hasta vínculos con comerciantes que compran esos cargamentos a precio vil, además de la complicidad policial que cobra jugosas comisiones por liberar zonas y recibe informaciones de buchones para facilitar los golpes. Estos datos no son antojadizos, surgen de las propias organizaciones que desde el marco legal luchan contra el flagelo.

A propósito de este oscuro negocio, recuerdo una anécdota de un jefe policial que me contaba los detalles de una charla telefónica entre un pirata del asfalto y un comerciante de origen chino, lograda merced a una pinchadura de línea y que a continuación transcribiré.
Comerciante de supermercado chino: "Que tiene para mí"...
Pirata: "un cargamento de CEPITA"...
Comerciante chino: "A cuánto"...
Pirata: "50 mil pesos"...
Comerciante chino: "Yo no escuchal"...
Pirata: "40 mil pesos"...
Comerciante chino:" yo no escuchal"...
Pirata: "30 mil pesos"...
Comerciante chino:" yo complal"...
Aunque parezca risueño, esto forma parte de la realidad. Así como hay delincuentes hay un mercado que compra. Y esto hace que los caminos del delito vayan mutando. Entraderas sangrientas, robos de autos, desarmaderos, trata de personas, tráfico de armas, piratería del asfalto, arrebatos, cuentos del tío en sus variantes más perversas, hasta con los propios jubilados y la droga. La maldita droga que siempre está presente y empuja para que se mate sin piedad con tal de robar y poder adquirirla.

Lo del muro de Quilmes, tal vez sea otro motivo para tratar de despertarnos de esta larga pesadilla. Pero no sea cosa que esto lo terminemos aceptando como algo normal y un día vengan por todos nosotros...

Escuchá el audio de la charla que tuvo Jorge Joury a través de la 97.7 en su programa "Te lo digo en serio", con el vecino Hugo Salinas, contando la dramática situación en Quilmes.


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