miércoles, 2 de julio de 2014

Avanzan los cercos electrificados en la zona Sur, para contener el delito


Varela, Quilmes, Berazategui, Avellaneda, Lanús, Lomas de Zamora y Almirante Brown, son los distritos donde más se los emplea. No matan, pero patean y disuaden, sostienen los expertos, que aconsejan usarlos en combo con  alarmas y reflectores.


Por Jorge Joury

En agosto del 2012 el vecino Hugo Salinas tomó gran notoriedad por construir un muro en las inmediaciones de la cervecería Quilmes, para contener la ola delictiva. Fue tapa de diarios y revistas y cabeza de todos los noticieros. Era una postal novedosa de lo que significa vivir con miedo. Su dramática realidad aún hoy es dormir con una escopeta al lado de la cama y el haber sufrido por lo menos una docena de robos. De aquel momento hasta hoy, nada ha cambiado en Quilmes. Sus vecinos han pasado por todas las experiencias, pero cada vez son más vulnerados por la delincuencia, exacerbada por la droga y la impotencia policial para ponerle límite. No hay nada que los angustiados pobladores no hayan probado. Rejas, botones antipánico, cámaras, reflectores con sensores de movimiento, pinches de hierro en las medianeras, alarmas monitoreadas, timbres colectivos, puertas blindadas y garitas con guardias de seguridad pasan por esta geografía del estado de alerta permanente.
Pero igual se sienten indefensos, aunque en los últimos tiempos apareció un nuevo sistema que va ganando adeptos: los cercos electrificados. No matan, pero patean y disuaden, sostienen los expertos, quienes señalaron que el costo de la instalación puede oscilar entre 10 y 20 mil pesos, depende de la cantidad de metros del perímetro a cubrir. Más allá de Quilmes, hoy  de Florencio Varela hasta Lomas, en gran parte de la zona Norte, como también en Capital y La Plata, los cercos se multiplican en el paisaje urbano.

DE TEMER

Hay que señalar que primero se usaban en la clase alta y además  se instalaban para proteger industrias. Con sus espirales y puntas de púas se los denomina concertinas. Hacen recordar los tristemente célebres perímetros de los campos de concentración nazis, donde muchas veces los prisioneros se arrojaban sobre ellos para suicidarse. Pero con el paso del tiempo el uso se hizo extensivo a la clase media ya que los costos han cambiado. Hoy se los ve en Florencio Varela, Quilmes, Berazategui, Avellaneda, Lomas de Zamora y Almirante Brown, como también en una amplia franja de la zona Norte que va de Vicente López, hasta el tigre y en el Oeste.
“En un principio los vecinos se negaban a instalarlos porque temían que generasen descargas mortales. Hay que advertir que si son sistemas caseros, algunas instalaciones precarias provocaron muertes en diferentes puntos del conurbano. Sobre todo los pobladores temen que puedan afectar a chicos y mascotas. Hoy los instaladores de empresas serias y autorizadas, sostienen que no hay peligro, ya que no generan riesgo de muerte cuando están instalados bajo las normas de protección”, sostiene el especialista en seguridad, el doctor Luis Vicat a quien entrevisté en mi programa radial (“Te lo digo en serio, que va de 8 a 10 por la Fm local 97.7).
El investigador agregó que “si están bien conectados y el amperaje es bajo no existe el riesgo de muerte. Solo es una patada que disuade a los delincuentes y hasta los puede desmayar. Pero conviene señalar que los cercos son más efectivos cuando están conectados a la alarma y con algún reflector. Es un escudo interesante para evitar la presencia de extraños en una vivienda”, aclaró Vicat.

LOS TECHOS

Ignacio Vera, encargado de la empresa instaladora Electrocerc señaló que “la gente siempre pensó que el peligro estaba en el frente de su casa. Pero los techos de las propiedades están conectados entre sí y los ladrones pueden entrar por los fondos. Ahí nace el cerco eléctrico. Con este sistema, uno se asegura de que nadie más se va a poder meter en su terreno”. Vera sostuvo que “los vecinos colocan los cercos para prevenir que los delincuentes se metan en sus viviendas cuando están ausentes o cuando duermen. Es notable, pero de cada diez personas que nos llaman para consultar sobre las colocaciones, ocho sufrieron algún robo. Cada vez son más los vecinos que piden instalaciones, ya que a diferencia de las alarmas tradicionales que avisan cuando el asaltante ya esta dentro de la vivienda, este sistema lo previene”.

EN VARELA

Uno de los primeros distritos en marcar tendencia en la zona Sur, fue el exclusivo Barrio Inglés de Temperley, aunque luego los equipos se extendieron en Banfield y en Lomas de Zamora. El especialista en seguridad Luis Vicat sostiene que “si bien no es una solución definitiva contra los robos, si los cercos tienen alarma y lo intentan cortar, se produce un estruendoso aviso de alerta a los vecinos. Además hay que señalar que si el voltaje es bajo, no daña a los pequeños, aunque si hay que tener cuidado con los gatos que andan con los techos, para que no se generen problemas con los vecinos”.
Diego Pacheco, de Electricercos, opinó  que arrancó trabajando en la zona sur: Adrogué y Burzaco (Almirante Brown) y Florencio Varela. Pero aclaró que en los últimos tiempos se extendió también hacia la capital federal y La Plata. “Muchos los ponen por prevención o porque entraron a robar en la casa de un vecino y se asustaron”.
Las empresas que los colocan en la zona Sur reconocen que ponen entre 20 y 30 equipos por mes. Pero  solo  en Lomas hablan de 40 mensuales. Todos coinciden en que muchos clientes los contratan tras haber sufrido entraderas, a pesar de que los cercos no sirven para prevenir esa modalidad.

EN QUILMES

En Quilmes las zonas con más cercos eléctricos son Bernal, Parque Calchaquí y la Barranca, donde hay casonas lujosas.  El fenómeno no es exclusivo de barrios acaudalados. “Al lado tenemos un terreno baldío. Asustaba pensar que podían meterse por la medianera mientras los chicos jugaban en el jardín”, explica Norma. Su vecina Mirtha no quedó tan contenta con su decisión: “No me parece bien que mis hijos jueguen cerca de la electricidad. Les tuve que advertir sobre el peligro de esos cables”.
Según Daniel Banda, secretario de la Cámara Argentina de Seguridad Electrónica (CASEL) y presidente de la empresa de seguridad ProtekSeg, el 82% de los países del continente americano utiliza como protección los “cercos perimetrales energizados”, tal su nombre en la jerga técnica. Y destaca como casos distintivos a las ciudades de San Pablo, Lima, Caracas, Bogotá, México y Santiago de Chile.
Si nuestro país fue hasta ahora una excepción, en el último año, impulsados por el avance de la delincuencia urbana y potenciados por la sensación de desprotección cotidiana, han crecido exponencialmente los pedidos de colocación de cercos eléctricos tanto en countries y barrios cerrados, como en clubes deportivos, fábricas y hasta en casas particulares. 


UNA PATADA

El cerco, dice Banda, si está bien instalado “patea, pero no mata”.Su alcance es apenas intimidatorio dado que genera una breve y controlada descarga energética. Cumple la función de disuadir.
Técnicamente, el sistema consiste en un tendido de alambres en cuatro a seis hileras sobre muros, rejas, balcones o medianeras. Los alambres se conectan a un generador de pulsos de alta tensión, alimentado por una corriente alterna de 220 V. A través de un transformador se convierten los 220 V a 12 V, y se mantiene activado el circuito con una batería para casos de corte de energía. La descarga recibida consiste en un shock eléctrico de alto voltaje y bajo amperaje, evitando de este modo, que quien lo toque quede “pegado” o sufra heridas. El micropulso que se genera al contacto causa dolor pero no riesgos sobre la salud del intruso. En correctas condiciones de instalación, aeguran quienes lo comercializan, el sistema detecta la “preintrusión” e inhibe la violación.
Sin embargo, a medida que esta práctica se difunde, los accidentes se suceden. Muchas veces, los propietarios conectan el cerco directamente a la red eléctrica de 220 V y allí cualquier contacto es fatal. Ha habido varios accidentes. El último conocido fue el 21 de enero en Concordia, Entre Ríos, donde falleció una nena de 4 años.

Una vez en funcionamiento, los cercos tienen el consumo energético de una lámpara pequeña. En el Conurbano bonaerense, hoy son parte del paisaje suburbano de barrios tradicionales. Como sistemas disuasivos parecen haber llegado para quedarse. Por un lado hay empresas que los instalan a bajo costo y que garantizan su eficiencia, pero hay que esquivar las improvisaciones de sistemas caseros para evitar desgracias. Y si analizamos el fondo de la cuestión, el cerco eléctrico ha tenido la habilidad de colocar –sin prejuicios– un espejo en el que la sociedad hoy se mira buscando una nueva variable para dejar de vivir con miedo.

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